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Mar Gómez: «La ciencia comienza con una pregunta, no con una respuesta»

Mar Gómez: «La ciencia comienza con una pregunta, no con una respuesta»

¿Por qué el cielo es azul? ¿Qué ocurre dentro de un agujero negro? ¿Cómo se forman las tormentas? Para la doctora en Ciencias Físicas, meteoróloga y divulgadora científica Mar Gómez, estas preguntas son mucho más que simples curiosidades: son el primer paso para comprender el mundo. En Curiosonautas, su serie de audiolibros infantiles disponible en Audible y narrada por ella misma, invita a los más pequeños a explorar los misterios de la Tierra y del universo a través de la escucha. Hablamos con ella sobre cómo despertar vocaciones científicas, el papel de la imaginación en el aprendizaje y las posibilidades del audio para descubrir la ciencia sin pantallas.

Laura: Hola Mar, muchas gracias por esta entrevista! Tu propia curiosidad científica empezó siendo muy pequeña, observando las tormentas y preguntándote cómo se formaban las nubes, los rayos o los truenos. ¿Hay algo de aquella niña curiosa en Curiosonautas? ¿Qué tipo de preguntas te gustaría que empezaran a hacerse los niños después de escuchar estos audiolibros?

Mar: ¡Hay muchísimo de aquella niña en Curiosonautas! De hecho, creo que estos libros son, en cierto modo, un homenaje a esa curiosidad que me acompañó desde pequeña y que nunca he perdido. Recuerdo que me fascinaban las tormentas. Mientras otras personas se refugiaban en casa, yo me quedaba mirando por la ventana, intentando comprender de dónde venían los rayos, por qué sonaban los truenos o cómo podían formarse aquellas nubes tan enormes. No sabía que acabaría siendo meteoróloga, pero sí tenía claro que necesitaba encontrar respuestas.

Y eso es precisamente lo que quiero transmitir con Curiosonautas: que la ciencia comienza con una pregunta, no con una respuesta.

Me encantaría que, después de escuchar los audiolibros, los niños empezaran a mirar su entorno de otra manera. Que al contemplar el cielo se preguntaran por qué es azul, que al ver la Luna quisieran saber por qué cambia de aspecto o que al escuchar hablar de un agujero negro sintieran la necesidad de descubrir qué ocurre en su interior. Pero, sobre todo, me gustaría que comprendieran que no pasa nada por no saber algo. Al contrario, no saber es el primer paso para descubrir. ¡Y que nunca pierdan esa maravillosa costumbre de preguntar por qué!

Dar voz a mis propios libros ha sido, en cierto modo, volver a contar aquellas historias que a mí me habría encantado escuchar cuando era pequeña.

En Curiosonautas aparecen agujeros negros, planetas extremos, fenómenos atmosféricos, océanos… temas que pueden llegar a ser bastante complejos. Cuando escribes para niños, ¿cómo encuentras el equilibrio entre simplificar lo suficiente para despertar su interés y mantener el rigor científico? ¿Hay algo que, por muy jóvenes que sean los lectores, nunca debería simplificarse demasiado?

Para mí, uno de los mayores retos de la divulgación científica es conseguir explicar algo complejo de una manera sencilla sin perder precisión. Y cuando nos dirigimos a los niños, ese desafío es todavía más interesante.

Siempre parto de una idea: los niños son perfectamente capaces de comprender conceptos científicos complejos si sabemos encontrar la manera adecuada de contárselos. No necesitamos darles todas las ecuaciones ni explicar cada detalle técnico, pero tampoco debemos subestimar su capacidad de comprensión. Me gusta utilizar comparaciones, ejemplos cotidianos, preguntas sorprendentes y situaciones que puedan imaginar. Por ejemplo, para hablar de la gravedad podemos partir de algo tan sencillo como preguntarnos por qué saltamos y siempre volvemos al suelo. A partir de ahí podemos viajar hasta otros planetas o incluso acercarnos al fascinante mundo de los agujeros negros.

Sin embargo, hay algo que considero fundamental: nunca debemos sacrificar la verdad científica para hacer una historia más espectacular. Podemos utilizar metáforas, pero debemos procurar que no generen ideas equivocadas. Y también es importante explicar que la ciencia no tiene todas las respuestas, que existen incertidumbres y que nuestro conocimiento evoluciona constantemente.

La edición en papel de Curiosonautas está recomendada aproximadamente para lectores de 7 a 9 años. ¿Mantendrías esa misma recomendación para los audiolibros? ¿Crees que la escucha permite que niños algo más pequeños puedan acercarse también a estos contenidos, quizá acompañados por un adulto?

Creo que la franja de 7 a 9 años sigue siendo una buena referencia, pero el formato audiolibro abre posibilidades muy interesantes para niños algo más pequeños. La gran ventaja del audio es que no exige que el niño tenga una determinada capacidad lectora para disfrutar de la historia. Puede concentrarse en escuchar, imaginar y dejarse llevar por las explicaciones, las preguntas y las aventuras científicas que vamos descubriendo.

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Además, me parece especialmente bonito que estos audiolibros puedan escucharse en familia. Imagino, por ejemplo, a unos padres escuchándolos con sus hijos durante un viaje en coche, antes de dormir o en una tarde tranquila en casa. Y lo mejor es lo que puede ocurrir después: que el niño interrumpa para preguntar algo, que surja una conversación o que todos terminen buscando juntos la respuesta a una cuestión que les haya sorprendido.

Siempre parto de una idea: los niños son perfectamente capaces de comprender conceptos científicos complejos si sabemos encontrar la manera adecuada de contárselos.

Al final, cada niño tiene su propio ritmo y sus intereses. Hay pequeños de cinco o seis años que sienten una fascinación enorme por los dinosaurios, el espacio o los volcanes y que pueden disfrutar muchísimo de estos contenidos si cuentan con el acompañamiento adecuado. Así que más que establecer una edad rígida, animaría a las familias a dejarse guiar por la curiosidad de sus hijos.

Además de escribirlos, has puesto tu propia voz a los audiolibros. Estás muy acostumbrada a comunicar ciencia en televisión, radio, redes y podcast, pero narrar para niños exige otro tipo de relación con quien escucha. ¿Qué cambió a la hora de entrar en el estudio? ¿Tuviste que trabajar de manera diferente el ritmo, el tono, el humor o la forma de explicar los conceptos?

¡Ha sido una experiencia preciosa y también un reto muy diferente a lo que hago habitualmente!

Estoy acostumbrada a comunicar ciencia delante de una cámara, a explicar fenómenos meteorológicos en televisión o a contar historias en mis podcasts, pero poner voz a Curiosonautas me ha permitido conectar con la divulgación de una manera mucho más íntima.

Mar Gomez narración

Cuando estás narrando para niños, el tono, el ritmo y las pausas adquieren una importancia enorme. No se trata simplemente de leer un texto, sino de conseguir que quien escucha pueda imaginar lo que estás contando. He intentado transmitir la misma emoción que sentía cuando escribía los libros. Si estamos viajando hacia un planeta lejano, quiero que el niño sienta que realmente estamos explorándolo juntos. Si hablamos de una tormenta espectacular, quiero despertar esa mezcla de sorpresa y fascinación que yo misma experimento ante los fenómenos de la naturaleza. También he procurado jugar con la entonación, introducir pausas para que puedan asimilar las ideas y dar especial importancia a las preguntas. Porque a veces una pregunta bien planteada puede despertar más curiosidad que una explicación larguísima.

Y hay algo muy especial en todo esto: dar voz a mis propios libros ha sido, en cierto modo, volver a contar aquellas historias que a mí me habría encantado escuchar cuando era pequeña.

Los niños tienen hoy acceso a una enorme cantidad de contenidos científicos a través de vídeos, redes y plataformas digitales. Frente a esa abundancia de pantallas, ¿qué crees que puede aportar el audio? ¿Puede escuchar una historia sobre el espacio o los fenómenos de la Tierra estimular de otra manera su imaginación y sus ganas de seguir preguntando?

Sin duda. Creo que vivimos en una sociedad en la que recibimos una cantidad enorme de estímulos visuales y en la que muchas veces todo se nos presenta ya construido: las imágenes, los escenarios e incluso la forma en la que debemos interpretar una historia.

El audio ofrece algo diferente y muy valioso: deja espacio para que la imaginación haga su propio trabajo. Cuando un niño escucha cómo sería viajar por el espacio, acercarse a un agujero negro o descubrir las profundidades del océano, tiene que construir mentalmente esos escenarios. Y ese ejercicio puede resultar muy estimulante. Además, escuchar una historia requiere prestar atención, seguir un hilo narrativo, imaginar situaciones y conectar ideas. Son capacidades muy importantes durante el desarrollo infantil.

No creo que debamos enfrentar los formatos audiovisuales con los audiolibros. Cada uno tiene sus ventajas y puede aportar cosas distintas. Pero sí considero que el audio nos permite recuperar una forma de descubrir historias que siempre ha acompañado al ser humano: alguien cuenta algo fascinante y otra persona escucha, imagina y se hace preguntas.

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Has defendido en varias ocasiones la importancia de que las niñas encuentren referentes femeninos en la ciencia. Pero antes incluso de pensar en una vocación científica, está la curiosidad. ¿Qué podemos hacer los adultos para alimentarla sin convertir la ciencia en otra materia que hay que “aprender”?

Creo que lo primero es algo muy sencillo: escuchar sus preguntas y tomárnoslas en serio. Los niños tienen una capacidad extraordinaria para sorprenderse con cosas que los adultos hemos dejado de observar. ¿Por qué las estrellas brillan? ¿Cómo saben las aves hacia dónde tienen que migrar? ¿Por qué flotamos en el agua? Son preguntas aparentemente sencillas que pueden conducirnos a explicaciones científicas fascinantes. Y no hace falta que los adultos sepamos responderlas todas. De hecho, creo que una de las cosas más bonitas que podemos decirle a un niño es: «No lo sé, ¿lo investigamos juntos?».

La ciencia no debería presentarse únicamente como una asignatura, un conjunto de fórmulas o algo reservado a personas especialmente brillantes. La ciencia es una manera de mirar el mundo, de hacerse preguntas y de buscar respuestas utilizando la curiosidad y el pensamiento crítico. Podemos fomentarla con actividades muy cotidianas: observar las nubes, mirar las estrellas, visitar un museo, hacer pequeños experimentos o simplemente salir a la naturaleza y prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor.

Y, por supuesto, es fundamental que tanto las niñas como los niños encuentren referentes científicos diversos. Durante mucho tiempo, las contribuciones de numerosas mujeres científicas fueron invisibilizadas, y necesitamos recuperar esas historias para que las nuevas generaciones sepan que la ciencia también tiene rostro de mujer. Me gustaría que ninguna niña dejara de interesarse por la física, las matemáticas o la astronomía porque piense que no son disciplinas para ella. Pero, sobre todo, me gustaría que todos los niños conservaran algo que tenemos de forma natural desde pequeños y que a veces vamos perdiendo al crecer: la capacidad de maravillarnos ante el mundo.

Y pasando de creadora a oyente: ¿qué lugar ocupan el audio y la escucha en tu propia vida? ¿Escuchas audiolibros o podcasts mientras viajas, paseas o desconectas? Si tuvieras que recomendarnos un audiolibro, un autor o incluso un tipo de historia o de divulgación que te guste especialmente escuchar, ¿cuál sería?

El audio forma una parte muy importante de mi vida, tanto desde el punto de vista profesional como personal. Además de trabajar en diferentes medios de comunicación, tengo mi propio podcast de divulgación científica, Planeta Oculto, y participo en Efecto Cosmos, un videopodcast de ciencia junto a Doctor Fisión. Me apasiona el formato porque permite contar historias con profundidad, detenerse en los detalles y acompañar al oyente mientras realiza otras actividades. Y eso es algo especialmente valioso en un día a día en el que muchas veces nos falta tiempo para sentarnos tranquilamente a leer.

Me gustan especialmente las historias de divulgación científica que combinan conocimiento y narrativa. Esas que te hacen sentir que estás descubriendo algo sorprendente y que consiguen mantener tu atención como si estuvieras escuchando una novela de aventuras. Si tuviera que recomendar un tipo de contenido, elegiría aquellos que exploran las grandes preguntas de la ciencia: el origen del universo, la posibilidad de vida en otros planetas, los misterios del océano, el funcionamiento de nuestro cerebro o las historias de los científicos y científicas que han cambiado nuestra manera de comprender el mundo. Creo que la ciencia tiene todos los ingredientes de una gran historia: misterio, exploración, descubrimientos inesperados y preguntas que todavía no sabemos responder.

Y eso es precisamente lo que intento transmitir también con Curiosonautas: que aprender ciencia puede ser tan emocionante como vivir una gran aventura.

Como nos recuerda Mar Gómez, la ciencia está llena de misterios por descubrir y no hay mejor manera de empezar a explorarlos que haciéndose preguntas. Si quieres despertar la curiosidad científica de los más pequeños, descubre los audiolibros de Curiosonautas en Audible y prepárate para viajar con ellos hasta los confines del universo, sin salir de casa.

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