Logo de audible, ir a página de inicio
Link de página principal de Audible

Samanta Schweblin en una entrevista exclusiva para Audible

Samanta Schweblin en una entrevista exclusiva para Audible

Samanta Schweblin: entrevista para Audible

Samanta Schweblin es una de las escritoras más interesantes de la narrativa contemporánea. Ha ganado el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana al mejor libro de la literatura hispanoamericana de 2025 con El buen mal, su cuarto libro de relatos, una obra que reafirma su maestría en el cuento breve como forma de intensidad y precisión. En su escritura, lo cotidiano aparece atravesado por fisuras sutiles que abren zonas de inestabilidad emocional y perceptiva, donde lo familiar se vuelve inquietante sin perder su verosimilitud. En Audible puedes escuchar los mejores audiolibros de Samanta Schweblin narrados por voces como Paula Pichersky y Jimena Vallejos.

Hemos entrevistado a Samanta Schweblin para el blog de Audible en España: de sus respuestas se desprende una reflexión lúcida sobre la potencia del cuento breve, la centralidad de la incertidumbre en su escritura y la capacidad de la ficción para transformar lo cotidiano en un territorio de extrañeza y revelación, donde lo no dicho pesa tanto como lo narrado.

Esto es lo que nos ha contado.

En El buen mal, vuelves al relato breve (después de Kentukis, tu última novela publicada en 2018) con una intensidad que muchos lectores han comparado con la tradición de grandes cuentistas contemporáneas, por ejemplo Alice Munro. En un momento en que la novela parece dominar el panorama editorial, El buen mal insiste en la potencia del relato breve como un arte de precisión y de riesgo. ¿Escribes cuentos porque permiten ir más lejos, más rápido, más hondo —sin la red de seguridad de la novela—? ¿O porque en el cuento el silencio, lo omitido, tiene un poder casi más perturbador que lo narrado?

Siempre estoy escribiendo cuentos. Quizá porque me formé asistiendo a talleres literarios en Buenos Aires, y porque en nuestra tradición literaria el cuento ocupa un lugar muy importante, no siento pertinente ir hacia la extensión de la novela si no intuyo que hay algo particular en una historia que necesita esos tiempos más extendidos. Prefiero la intensidad del cuento, y esa sensación que deja la lectura que se parece un poco a la de atravesar un portal. La novela tiene mucho de recorrido, como cruzar un paisaje muy extenso, pasan muchas cosas, hay tiempo para detenerse y reflexionar, incluso si uno cruza ese paisaje a toda velocidad, hay altibajos y variaciones. No es que el cuento no tenga esto también, pero en el tiempo de lectura el pasaje es tan rápido que se parece más a atravesar un portal. El shock de llegar a un mundo distinto tan rápido, a una percepción nueva, le da al evento de esa lectura una fuerza casi del orden de la magia. La novela se parece más a un proceso, es introspectiva y paciente. Ninguna es mejor que la otra, pero lo que es seguro, al menos en mi escritura, es que cada idea nueva que llega pide un tipo de extensión distinta. No creo que los cuentos de “El buen mal” podrían haber sido una novelas.

El “buen mal” de tu libro parece surgir de una herida, de una violencia que, sin embargo, reactiva la vida. ¿Cómo definirías esa idea? ¿Es una forma de entender la experiencia humana como algo inevitablemente atravesado por el dolor, una forma de resistencia frente a la idea de que el dolor solo destruye o una manera de encontrar en la ruptura una posibilidad de percepción más intensa del mundo?

La vida es incómoda y dolorosa todo el tiempo. Si nos pasamos los días esperando un momento de bienestar para sentirnos bien, o una situación adecuada para decir lo que sentimos, o un tiempo futuro para al fin hacer lo que tanto necesitamos hacer, la vida se escapa a toda velocidad hacia adelante. Supongo que, como todos, yo huyo constantemente de la posibilidad del dolor, de la incertidumbre, de la idea de cualquier tipo de pérdida. Pero la ficción me da el espacio para intentar cierta confrontación a todo esto en un contexto un poco más seguro. Me prepara, me ayuda a ensayar mis pasos. No me interesaría una ficción de la alegría, la paz y el amor perfecto, porque me parece mucho más emocionante alcanzar algo de eso en mi vida real, y en la ficción encuentro muchas veces las pistas.

En tus cuentos reaparecen ciertos elementos: mujeres que pierden el centro, animales que irrumpen con una presencia inquietante, familias donde el amor convive con una confusión casi trágica. Y, sin embargo, lo más perturbador es esa grieta en la realidad, ese lugar al que tememos asomarnos pero que también parece llamarnos. ¿Esa disgregación puede surgir de cualquier situación cotidiana o responde a una lógica secreta, a ciertos detonantes que te interesa explorar una y otra vez?

Es que esa grieta en la realidad de la que hablas es lo que me interesa. La incertidumbre que nos provoca. Hay algo ahí muy verdadero que intento tocar. Como dice el epígrafe de Silvina Ocampo, “Lo raro siempre es más cierto”. La incertidumbre nos angustia: la inminencia de perder a alguien, o algo, la posibilidad de sentir dolor, la muerte, sentirnos solos, no saber qué ocurrirá a continuación. Pero creo que nos angustia sobre todo porque solemos enfrentarnos a ella en situaciones dolorosas o demasiado inquietantes. Si tu padre está agonizando en una cama y sabes que podría morir, la incertidumbre es un aguijón tonal y doloroso. Pero si te enfrentas a la misma situación en el contexto de la ficción, aunque estés sumamente comprometido con la historia sabes que en el fondo ese padre no es tu padre, y donde antes la incertidumbre solo lastimaba ahora puede haber espacio para algo más. Preguntas como, ¿cuánto me dolería la muerte de mi propio padre? ¿Hay algo más que yo pueda hacer para acercarme a él? Entonces lo incierto se vuelve un espacio de atención plena y de reflexión, de preguntas y respuestas, un signo de que la suerte no está aún del todo echada, un espacio para la curiosidad del “qué pasaría si…”

Leyendo algunas de tus novelas, uno tiene la sensación de que los protagonistas (y la voz narradora que los acompaña) continúan resonando en la mente del lector incluso en las pausas de lectura o después de haber terminado el libro —pienso, por ejemplo, en Distancia de rescate—, creando un efecto de identificación que trasciende las páginas y parece cobrar vida propia: ¿cómo se construye este tipo de presencia narrativa y qué lo hace posible en tu proceso de escritura?

Hay mucho de lo intuitivo en estos procesos, no es algo que tenga tan claro, y cambia ademas de libro a libro. Si sé que hay algo en mi, como lectora, que me hace estar muy consciente de mi propio compromiso e intensidad de lectura, o incluso de mis distracciones. O sea, leo muy atenta por saber, por intentar descubrir, además de lo que sucede en los libros, qué es lo que esos libros están haciendo conmigo, a nivel físico, mental y emocional. Qué me hacen, y cómo, y porqué. Quizá algo de esto se transpira luego en la escritura. Me fascina la atención plena, ese estado casi trascendental de algunos momentos de la lectura en los que dejamos de habitarnos y mentalmente nos mudamos por completo a otro lugar.

Narras a menudo protagonistas que se enfrentan al malestar emocional, la soledad, lo perturbador y lo absurdo en el que se entreteje nuestra contemporaneidad: ¿cuál es la Weltanschauung, es decir, la visión del mundo, de Samanta Schweblin respecto al futuro de la humanidad y del planeta Tierra?

Bueno, no sé si tengo una respuesta breve para una pregunta tan grande. Me aterra y a la vez me tranquiliza una frase de Kafka que este año tengo muy presente: “el futuro será un lugar maravilloso, es solo que no estamos incluidos”. Todas las especies que nacen, mueren también como especie. Sucederá, tarde o temprano, y el mundo se volverá hermoso porque esta humanidad no ha aprendido todavía ni a cuidar, ni a cuidarse. Pero hay muchas formas de morir. Mi abuelo materno se murió furioso, agarrado a la vida con tanta indignación que no pudo siquiera despedirnos, maltratando a todo el que se le acercara, mirando solo su desgracia, absolutamente desconectado de lo que sucedía a su alrededor. Mi abuela materna se murió prácticamente mirándome a los ojos, preguntándome con una paz tranquilizadora si yo era feliz, si estaba tranquila con su partida, conectada con qué tipo de entidad quería ser cuando volviera a esta tierra en otra forma, mirando el mundo con la curiosidad de quien está por entrar a un nuevo portal. Es difícil saber si estamos muriendo como humanidad o este es solo un proceso más hacia otro estadío. Pero las leyes de la tierra son iguales para todos los que viven sobre ella, y ningún organismo vivo sobrevive demasiado tiempo con más de la mitad de su cuerpo violentado y enfermo de hambre. No estamos sanos, y estamos haciendo muy poco por cambiar el rumbo.

Si hubieras nacido en Japón, en un contexto distinto al de las atmósferas surreales y contradictorias latinoamericanas, ¿crees que tu escritura habría abordado temas diferentes? A este respecto, ¿qué opinas de la reciente ola de literatura “cozy” procedente del Sol Naciente, que parece situarse en las antípodas de tu narrativa?

Posiblemente hubiera abordado otros temas, claro. Nos gusta pensar que somos muy auténticos y personales, pero estamos más comandados de lo que nos gustaría por las culturas en las que crecemos, los mandatos familiares, las posibilidades económicas y las idiosincracias de nuestros países. No sé si tengo mucha idea de qué es la literatura “cozy”, no sé si habré leído o no ese tipo de literatura.

Cuando estos cuentos pasan al audiolibro, la voz introduce una dimensión nueva: ya no solo leemos lo no dicho, sino que también lo escuchamos. ¿Crees que la oralidad intensifica esa tensión entre lo que se cuenta y lo que se oculta? ¿La voz puede hacer más visible —o más inquietante— ese “ruido” que atraviesa tus historias?

Supongo que dependerá mucho de cómo se lean esos textos, y sobre todo, de cómo se escuchen. Mi madre me leía mucho, y mi abuelo también, y recuerdo que mi atención era de una fascinación absoluta. Pero no es lo mismo escuchar un audiolibro completamente concentrado que corriendo para no perder el subte. Quizá por lo que ya compartí respecto a mi modos de lectura -en los que tomo muchas notas, marco los textos, me distraigo, releo, y converso constantemente con el texto-, la idea de estar supeditada a una velocidad constante y sin pausa de lectura me resulta muy incómoda. Puede que escuche algún audiolibro cada tanto, pero prefiero un material que se pueda sostener con las manos, y abrirlo y cerrarlo cuantas veces necesite respirar, antes de volver a sumergirme en él.

Sigue leyendo: Los mejores libros de Samanta Schweblin

Gracias a Samanta Schweblin por esta entrevista. Quizá cada lector —y cada oyente— encuentre su propia forma de entrar en los mundos de Samantha Schweblin: con lápiz en mano, marcando el texto y deteniéndose en cada frase, o a través de una escucha pausada, capaz de amplificar la tensión, los silencios y la extrañeza de su escritura. Para quienes quieran descubrir o redescubrir su voz narrativa en otro formato, El buen mal, su último libro, ya puede escucharse en Audible.

cover-image

Audible: donde las historias cobran vida

Descubre el amplio catálogo de narrativa en Audible: desde los grandes clásicos hasta las novedades más recientes, escucha tus libros favoritos en cualquier momento y en cualquier lugar. Explora el catálogo de Literatura y Ficción y encuentra tu próxima historia!