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Cuando el true crime se convierte en crush: Luigi Mangione y los demás “asesinos guapos”

Cuando el true crime se convierte en crush: Luigi Mangione y los demás “asesinos guapos”

Hay fotografías policiales que parecen exactamente fotografías policiales. Y luego están esas otras imágenes que, una vez llegan a internet, empiezan a funcionar como si fueran otra cosa: un look, un meme, un fancam, el fotograma de una serie o incluso una campaña de moda. Eso es, en buena medida, lo que ocurrió con Luigi Mangione. En diciembre de 2024, Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, fue asesinado a tiros en Manhattan. Cuando Mangione fue detenido días después, la conversación digital alrededor del caso adquirió rápidamente una dimensión inesperada; a la indignación por el crimen y al debate sobre el funcionamiento distorsionado del sistema sanitario estadounidense se sumaron comentarios sobre sus cejas, su sonrisa o sus abdominales, montajes románticos en TikTok, merchandising y admiradores que empezaron a tratarlo como un antihéroe —o directamente como un sex symbol—. Reuters documentó ya en aquellos primeros días la aparición de productos y contenidos que lo convertían en una especie de héroe popular; su atractivo físico no tardó en formar parte inseparable de la historia mediática.

El caso ha evolucionado desde entonces. En agosto de 2026 Mangione se declaró culpable de dos cargos federales de acoso con intención de matar y admitió haber disparado a Thompson; el proceso estatal por asesinato quedó posteriormente aplazado mientras se resuelve una petición de la defensa. Pero el fenómeno cultural que nació alrededor de su rostro sigue ahí, impulsándonos a preguntarnos si habríamos reaccionado igual si Luigi Mangione no fuera guapo.

De esa pregunta nace Los asesinos guapos, el nuevo audiolibro del periodista Francesc Soler, narrado por Omar Ayuso y disponible en exclusiva en Audible.

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Luigi Mangione y el día en que un presunto asesino se convirtió en icono pop

Cuando Francesc Soler vio las primeras imágenes de Luigi Mangione tras su detención, tuvo una sensación desconcertante: más que estar mirando la fotografía de un hombre acusado de asesinato, parecía estar viendo a un actor de Hollywood interpretando a un criminal. De hecho, su aspecto le recordó a Zac Efron caracterizado como Ted Bundy en Extremadamente cruel, malvado y perverso. Esa asociación fue una de las ideas que impulsaron su investigación: después de años consumiendo películas y series en las que asesinos reales o ficticios tienen el rostro de actores atractivos, ¿qué sucede cuando aparece un criminal real que encaja perfectamente en ese mismo molde?

El ensayo Los asesinos guapos sitúa el fenómeno Mangione en el cruce perfecto de tres fuerzas de nuestro tiempo: la belleza, el auge del true crime y las redes sociales. Una combinación capaz de transformar una noticia criminal en contenido de entretenimiento y, finalmente, al protagonista de esa noticia en una celebridad con estética, narrativa y fandom propios. Aquí entra en juego el conocido efecto halo: la tendencia a atribuir cualidades positivas a una persona a partir de un rasgo favorable, entre ellos la belleza. Diferentes investigaciones han estudiado cómo el atractivo puede influir en percepciones como la confianza, la competencia o incluso, en determinados contextos, en la forma en que juzgamos a un acusado.

Racionalmente sabemos que ser guapo no convierte a nadie en bueno, pero lo fascinante es que a nuestro cerebro puede costarle separar ambas cosas.

Los asesinos guapos, de Francesc Soler: ¿qué pasa cuando deseamos al villano?

En sus 5 horas y 28 minutos, Los asesinos guapos amplía el caso Mangione para investigar por qué algunos criminales trascienden las páginas de sucesos y entran directamente en la cultura popular. Soler recurre a especialistas en criminología, psicología, neurociencia, filosofía, comunicación y true crime para analizar desde la asociación entre belleza y bondad hasta las posibles consecuencias judiciales del pretty privilege. 

Uno de los conceptos que atraviesa el audiolibro es la hibristofilia, el término utilizado para describir la atracción sexual o romántica hacia personas que han cometido delitos graves. Pero el autor va más allá de intentar explicar por qué alguien se enamora de un criminal: le interesa sobre todo qué mecanismos culturales convierten ese deseo privado en un fenómeno colectivo. Las admiradoras de asesinos no nacieron con TikTok; lo nuevo es la capacidad de transformar esa fascinación en una comunidad visible y permanente: cuentas de fans, vídeos, memes, comentarios sobre cada comparecencia ante el juez, recaudaciones de fondos o análisis del último corte de pelo. El criminal deja de ser únicamente una persona real para convertirse en una especie de personaje colaborativo que internet reinterpreta sin descanso.

En el caso Mangione existe además una dimensión especialmente interesante que Soler aborda en el libro: su apropiación por parte de sectores de la comunidad LGBTQ+, que produjo memes, fantasías y lecturas queer alrededor de su figura hasta convertirlo en un peculiar icono pop. No es casual que Saturday Night Live bromeara ya en diciembre de 2024 con el entusiasmo que despertaba entre “mujeres y hombres gays”.

El resultado es un ensayo revelador que habla de criminología, Netflix, cultura de internet, deseo, masculinidad y famosos. Y que durante la escucha te hará preguntarte que pasa cuando convertimos a un criminal en protagonista de nuestro entretenimiento.

Ted Bundy: el asesino que parecía un chico de confianza

Si hay un precedente imprescindible para entender a los “asesinos guapos”, ese es Ted Bundy. Mucho antes de Instagram y TikTok, Bundy ya había descubierto una de las armas más eficaces de su repertorio: parecer inofensivo. Era educado, articulado, aparentemente convencional y sabía generar confianza. Precisamente esa apariencia de normalidad resulta fundamental para entender tanto sus crímenes como la fascinación que despertó posteriormente.

Durante sus procesos judiciales se convirtió en una figura mediática; recibió miles de cartas de admiradoras y una de ellas, Carole Ann Boone, llegó a casarse con él durante un juicio. Incluso décadas después de sus crímenes, la cultura audiovisual ha seguido reforzando la imagen del asesino seductor.

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En Audible puedes continuar explorando su figura en Ted Bundy - Manipulación Psicológica, de Harrison Z. Connor. El audiolibro utiliza precisamente el caso Bundy para analizar sus estrategias de persuasión y manipulación: un enfoque especialmente pertinente cuando hablamos de un asesino cuyo aspecto y habilidad social fueron durante tanto tiempo parte de su máscara.

Richard Ramirez y las groupies que esperaban en el juzgado

Con Richard Ramirez, conocido como el Night Stalker, la relación entre asesinato y fandom resulta todavía más explícita. 

Ramirez aterrorizó California durante los años ochenta y fue condenado por una sucesión de asesinatos, agresiones sexuales y otros crímenes. Al mismo tiempo, mientras las víctimas y sus familias acudían a un larguísimo proceso judicial, en la sala aparecían jóvenes que iban simplemente a verlo. Una de ellas llegó a asistir con una pegatina que decía “I Love Your Smile”. Alrededor de una decena de mujeres siguieron regularmente distintas fases del juicio y algunas reconocían encontrarlo atractivo. Doreen Lioy empezó a escribirle después de verlo por televisión y terminó casándose con él en prisión en 1996.

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No podrás escapar. La venganza de Richard Ramirez, de Katherine Vega, no es un true crime puro, sino una obra de ficción inspirada libremente en hechos reales. La novela imagina a Ramirez en San Quintín, recibiendo cartas de cientos de mujeres fascinadas por él, y lleva esa relación entre asesino y admiradora hasta sus consecuencias más oscuras.

Charles Manson: no toda seducción depende de una cara bonita

¿Qué significa realmente que un criminal resulte atractivo? Charles Manson quizá no responda al estereotipo del “asesino guapo” de Mangione o Bundy. Su poder tenía más que ver con otra clase de seducción: el carisma, la capacidad de manipular y la promesa de pertenecer a algo.

A finales de los sesenta consiguió congregar a su alrededor a un grupo de seguidores jóvenes —muchas de ellas mujeres— sobre los que ejercía un enorme control. Los miembros de la llamada Familia Manson participaron en los asesinatos Tate-LaBianca de 1969 y Manson acabó convirtiéndose en uno de los rostros criminales más reconocibles del siglo XX. Su figura demuestra que la fascinación por los criminales puede adoptar la forma de seguridad, rebeldía, inteligencia, poder o capacidad para hacer sentir especial a quien está enfrente.

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Charles Manson. Una secta siniestra, de María Rosas y narrado por Carlos Torres, reconstruye precisamente su trayectoria y la creación de aquel círculo de seguidores que terminó convertido en una maquinaria criminal.

Del asesino atractivo al asesino convertido en personaje

Bundy, Ramirez y Manson pertenecen a épocas anteriores a las redes sociales, pero todos desarrollaron de algún modo una imagen pública que acabó separándose parcialmente de sus víctimas y sus crímenes. Lo que internet ha cambiado es la velocidad; hoy no hacen falta años, libros o películas para que aparezca el mito. Puede nacer pocas horas después de publicarse una fotografía. A partir de ahí entran en funcionamiento los códigos habituales del fandom: elegir las mejores imágenes, crear montajes, inventar bromas internas, defender al ídolo frente a los críticos, buscar merchandising y comentar cada nueva aparición pública como si se tratara de una estrella. Y la ficción alimenta a su vez ese proceso; actores atractivos encarnan a asesinos reales, la audiencia descubre al criminal a través de ellos, el rostro del intérprete termina mezclándose con el de la persona real. Soler señala precisamente casos como Ted Bundy, los hermanos Menéndez o Jeffrey Dahmer para explicar cómo el audiovisual puede contribuir a esa romantización.

Si quieres ampliar la mirada más allá de los criminales convertidos en sex symbols, una escucha reciente disponible en Audible es Psicópatas del mundo, de Álvaro Matus. El audiolibro recorre casos como los de Ted Bundy, Jeffrey Dahmer o el asesino del Zodiaco, pero plantea explícitamente una aproximación destinada a comprender los patrones, contextos y mecanismos de estas figuras sin glorificarlas.

El problema empieza cuando el rostro borra el crimen

Que un criminal resulte atractivo puede parecer una anécdota, pero deja de serlo cuando esa belleza suaviza nuestra percepción de sus actos, desplaza a las víctimas y convierte un caso real en fandom.

Los asesinos guapos pone el foco justo en el momento en el que el crimen empieza a parecer contenido y el acusado, una celebridad.


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