¿Fue Cristóbal Colón un héroe, un villano o un hombre de su tiempo movido por una mezcla de curiosidad, ambición y deseo de gloria? ¿Moctezuma se rindió ante los conquistadores o intentó gestionar una situación prácticamente imposible? ¿Y qué hacía un militar malagueño combatiendo a los británicos en Norteamérica casi tres siglos después?
La historia de España en América está llena de personajes que durante siglos hemos aprendido a clasificar con etiquetas bastante sencillas: descubridores, conquistadores, emperadores, héroes, vencidos. Pero basta cambiar el punto de vista para que muchas de esas certezas empiecen a tambalearse.
Hoy te proponemos un viaje por casi trescientos años de historia para descubrir que, cuando hablamos de América, la frontera entre héroes, villanos y mitos es mucho menos clara de lo que parece. Un recorrido entre novela histórica, crónica y divulgación, que te hará ver la historia desde lados muy diferentes. De los hombres que acompañaron a Colón a los habitantes de Tenochtitlan; de los conquistadores que dejaron constancia de sus propias hazañas a quienes acabaron cuestionando el mundo del que procedían; del nacimiento del imperio español en América a sus enfrentamientos con otras potencias europeas siglos más tarde.
1492: cuando empieza a construirse el mito
Sabemos los nombres de las tres carabelas, recordamos a Cristóbal Colón y conocemos el desenlace del viaje. Mucho menos sabemos, en cambio, de los hombres que cruzaron el Atlántico con él, de sus conflictos y motivaciones o de lo que ocurrió inmediatamente después de aquella primera llegada al Caribe.
Precisamente ahí comienza La pérdida del paraíso, la serie de José Luis Muñoz, cuyos dos primeros audiolibros están narrados por Rafa Ordorika.
La primera entrega de esta serie de novelas históricas nos lleva a bordo de la expedición de Colón, pero el gran navegante genovés no es exactamente nuestro protagonista. La historia está narrada desde la perspectiva de Marín de Urtubia, un escribano convertido en testigo de una aventura en la que la promesa de riqueza convive con el hambre, el miedo, las rivalidades y la incertidumbre. Muñoz se interesa menos por repetir la epopeya que conocemos que por imaginar qué podía significar formar parte de ella: atravesar durante semanas un océano desconocido sin saber qué esperaba al otro lado y descubrir después unas tierras, unas sociedades y unas costumbres completamente ajenas a las europeas.
El encuentro con los habitantes de las islas no tarda en revelar la distancia entre la búsqueda de un supuesto paraíso y los intereses económicos y políticos de los recién llegados. Los 39. Guanahaní convierte así el viaje de 1492 en una historia de supervivencia y ambición, y plantea desde su propio arranque la pregunta que recorre todo este artículo: ¿quién decide quiénes fueron los héroes?
Si el primer volumen trata sobre la llegada, el segundo habla de lo que sucede cuando los barcos se marchan. En enero de 1493, Colón emprende el regreso a España dejando a treinta y nueve hombres en el Fuerte Navidad, en La Española (una isla en las Antillas Mayores). Lo que debía ser el comienzo de una presencia estable se transforma rápidamente en una historia marcada por la búsqueda de oro, las rivalidades por el poder, las enfermedades y una relación cada vez más violenta con la población taína.
Marín de Urtubia vuelve a ejercer de testigo, esta vez de cómo la imagen idílica del Nuevo Mundo empieza a resquebrajarse. José Luis Muñoz introduce además su relación con la joven Canayma para trasladar al terreno personal un conflicto mucho mayor: el choque entre dos mundos que ya no pueden limitarse a observarse desde la distancia.
Quizá por eso El Fuerte Navidad sea todavía más interesante para entender el concepto de la pérdida del paraíso: el paraíso no es necesariamente algo que los europeos encuentren al llegar a América, sino una idea que ellos mismos proyectan sobre el territorio y que sus propias acciones contribuyen a destruir.
¿Y si antes de elegir bando revisamos lo que creemos saber?
Juan Eslava Galán hace en La conquista de América contada para escépticos algo que encaja especialmente bien con este recorrido: regresar al origen del relato e intentar separar los acontecimientos históricos de las simplificaciones que hemos ido acumulando posteriormente. Su historia comienza incluso antes de 1492, en una Europa que necesita nuevas rutas comerciales y busca riquezas al otro lado del mundo, y avanza por las primeras décadas de presencia española en América hasta aproximadamente mediados del siglo XVI. Lo hace con el estilo divulgativo y narrativo habitual del autor, combinando personajes, contexto y referencias a los cronistas de Indias.
Porque hablar de conquista únicamente como un enfrentamiento entre “españoles” e “indígenas” oculta una realidad bastante más compleja: hubo alianzas entre europeos y pueblos americanos, conflictos anteriores a la llegada de Cortés, intereses enfrentados dentro de ambos bandos y decisiones personales que tuvieron consecuencias históricas enormes.
Si quieres una visión general antes de adentrarte en las novelas de esta selección, este es un buen lugar para empezar.
Tenochtitlan: una conquista, varias historias
Pocos episodios demuestran mejor la importancia del punto de vista que la caída de México-Tenochtitlan en 1521. Podemos escuchar a quien combatió junto a Hernán Cortés, podemos imaginar lo ocurrido desde el mundo mexica, o podemos fijarnos en Moctezuma, uno de los personajes más controvertidos de todo el episodio.
Y, curiosamente, las tres experiencias ofrecen historias bastante distintas.
Antes de la novela histórica existieron quienes decidieron contar aquello que aseguraban haber visto con sus propios ojos. Bernal Díaz del Castillo participó en la expedición de Hernán Cortés y, décadas después, escribió su extensa crónica de la conquista de México. Su relato es particularmente interesante porque nació, entre otras razones, como respuesta a otras versiones de los hechos que consideraba injustas o inexactas. La edición crítica de la Real Academia Española explica que Bernal comenzó a escribir después de leer la crónica de Francisco López de Gómara, a quien reprochaba haber construido su relato sin haber estado presente en Nueva España.
Escucharlo hoy es acercarse a una fuente histórica en primera persona, pero también recordar algo fundamental: ser testigo de un acontecimiento no significa narrarlo sin intereses, recuerdos selectivos o una determinada visión del mundo.
Precisamente por eso resulta tan interesante escucharlo junto a los siguientes audiolibros.
Ahora cambiemos completamente de lado. La escritora mexicana Sofía Guadarrama Collado reconstruye la conquista colocando en segundo plano a los españoles y acercándonos a los acontecimientos desde Moctezuma, Cuitláhuac y Cuauhtémoc. La llegada de Cortés deja entonces de ser simplemente la historia de una expedición extraordinaria y se convierte en la aparición repentina de hombres desconocidos con caballos, armas, idioma, religión y objetivos imposibles de interpretar desde los códigos políticos y culturales existentes en Mesoamérica.
La propia autora lleva más de dos décadas investigando la historia mesoamericana y ha dedicado buena parte de su obra literaria a recuperar ese universo anterior y contemporáneo a la conquista. En Audible, La Conquista de México Tenochtitlan reúne las últimas tres novelas de su saga Tlatoque en un audiolibro de más de 27 horas.
Escucharla después de Bernal Díaz del Castillo es un ejercicio especialmente estimulante: los acontecimientos pueden ser similares, pero el centro de gravedad de la historia cambia por completo.
Y luego está Moctezuma. Pocos personajes históricos han quedado atrapados en un juicio tan contundente: supersticioso, débil, incapaz de reaccionar ante Cortés y responsable, en parte, de la caída de su propio imperio. José Luis Trueba Lara parte precisamente de esa imagen para preguntarse si realmente explica al personaje. Su novela recorre la vida del tlatoani mucho antes del encuentro con los españoles: su formación, su trayectoria militar, la política interna del mundo mexica y las tensiones que rodeaban un imperio que se encontraba en la cima de su poder cuando llegaron los europeos.
El resultado no pretende convertir automáticamente a Moctezuma en héroe, sino devolverle algo mucho más interesante para una novela histórica: complejidad. En lugar de observar únicamente al emperador que recibió a Cortés, descubrimos al gobernante que tuvo que intentar comprender un fenómeno para el que no existían precedentes.
Cabeza de Vaca: el conquistador que regresó transformado
Álvar Núñez Cabeza de Vaca salió de España en 1527 formando parte de la expedición de Pánfilo de Narváez rumbo a Florida. El objetivo era relativamente reconocible dentro de la lógica de la época: explorar nuevos territorios y encontrar honor, riqueza y posición. Pero casi todo salió mal. Naufragios, hambre y años de supervivencia llevaron a Cabeza de Vaca a recorrer una enorme extensión del sur de los actuales Estados Unidos y el norte de México, conviviendo durante largos periodos con diferentes poblaciones indígenas.
Antonio Pérez Henares convierte ese viaje en el centro de Cabeza de Vaca: no solo como aventura extrema, sino como historia de transformación. El hombre que había partido formando parte de una expedición conquistadora acaba aprendiendo otros códigos culturales y cuestionando la violencia ejercida contra los pueblos americanos. Dentro de este recorrido es quizá uno de los personajes más difíciles de etiquetar. ¿Conquistador? ¿Náufrago? ¿Superviviente? ¿Intermediario entre dos mundos? Su historia demuestra precisamente por qué las categorías sencillas funcionan tan mal cuando intentamos aplicarlas a vidas reales.
Siglo XVIII: América ya es otro mundo
Demos ahora un salto de casi dos siglos. A finales del XVIII, la presencia española en América ya no tiene mucho que ver con aquellas primeras expediciones. España gobierna un enorme imperio y compite con otras potencias europeas por territorios, rutas comerciales y control político.
Y al norte está empezando a suceder algo que cambiará nuevamente el mapa: las trece colonias británicas se han rebelado contra Londres.
El español comienza en 1771 y utiliza una gran aventura personal para recorrer el imperio español en un momento en el que su extensión contrasta con sus contradicciones internas. Jaime abandona una Menorca bajo dominio británico y acaba emprendiendo un viaje que lo llevará por Barcelona, Cádiz, La Habana y el escenario de la guerra de Independencia norteamericana. En paralelo encontramos a Almudena, cuya situación nos acerca a las tensiones sociales existentes dentro de la propia España tras el motín de Esquilache.
Jorge Molist mezcla así romance, aventura y acontecimientos históricos para mirar al imperio no únicamente desde reyes, ministros y generales, sino también desde quienes viajaban, combatían y sostenían aquel sistema gigantesco. La novela, narrada por Víctor Viedma, se mueve deliberadamente entre el esplendor y las contradicciones de la España del siglo XVIII. Y sirve, además, como puente perfecto hacia nuestro último protagonista.
Gálvez: el español que luchó por la independencia de Estados Unidos
Si al pensar en la independencia de Estados Unidos te vienen a la cabeza George Washington, Benjamin Franklin o la ayuda francesa, probablemente no estés solo. La participación española en el conflicto ocupa mucho menos espacio en nuestro imaginario.
Leonardo Cervera recupera en Gálvez la figura de Bernardo de Gálvez, militar malagueño y gobernador de Luisiana que, tras la entrada de España en guerra contra Gran Bretaña en 1779, dirigió importantes campañas contra las posiciones británicas en el golfo de México. La novela no está narrada directamente por él. Como sucedía con Marín de Urtubia en Los 39, Cervera utiliza a otro personaje, Juan de Arcila, como puerta de entrada a su protagonista y a una época en la que los intereses de la Corona española coincidieron temporalmente con los de los rebeldes norteamericanos frente a un enemigo común: Gran Bretaña.
Y aquí el concepto del héroe vuelve a complicarse. Gálvez puede ocupar ese lugar dentro del relato sobre la independencia estadounidense y, al mismo tiempo, representar a un imperio que continúa defendiendo sus propios territorios e intereses en América.
Casi trescientos años después del viaje de Colón, hemos pasado del puñado de hombres que desembarcó en Guanahaní a una lucha geopolítica entre imperios a ambos lados del Atlántico.
La historia cambia según quién tenga la palabra
Entre 1492 y 1779 transcurren casi tres siglos en los que América y España cambian radicalmente. No existe una sola historia de la conquista ni una única experiencia de la presencia española en el continente: existen conquistadores y conquistados, alianzas y traiciones, violencia y convivencia, ambición, supervivencia, intereses económicos, conversiones personales y conflictos que todavía condicionan nuestra manera de interpretar el pasado.
La ficción histórica no sustituye a la historiografía, igual que una crónica escrita por un protagonista tampoco constituye por sí sola toda la verdad. Pero colocar unas voces junto a otras puede ayudarnos a hacer algo más interesante que memorizar fechas: formular nuevas preguntas.
Y para eso, a veces, merece la pena volver a escuchar la historia.
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